27/06/17

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Anthony Giddens, La estructura de clases en las sociedades avanzadas

18/3/2012

Alianza Universidad, Madrid, 1996.

La estructura de clases en las sociedades avanzadasLa crisis de la sociología contemporánea nace tanto de la ruptura de la llamada política de consenso en los países occidentales y de la aparición de signos inequívocos de conflicto en las naciones socialistas como de la escasa capacidad mostrada por la teoría para dar respuesta a estos hechos. La situación exige planteamientos creativos e innovadores pero también una reflexión crítica previa de los enfoques clásicos sobre la gran transformación que destruyó la sociedad tradicional y dio nacimiento al orden moderno. Tal es la tarea que emprende ANTHONY GIDDENS en LA ESTRUCTURA DE CLASES EN LAS SOCIEDADES AVANZADAS. Punto de partida lo constituye la revisión de las teorías clásicas de Marx y Max Weber sobre las clases y de las críticas post-weberianas al enfoque marxiano, desarrolladas fundamentalmente por Dahrendorf, Aron y Ossowski. Esta reformulación teórica restituye el concepto de clase social al lugar central que le corresponde en todo análisis que quiera explicar las realidades sociológicas de las sociedades avanzadas, capitalistas o socialistas, de nuestros días. Otras obras de Anthony Giddens en Alianza Editorial: «Política y sociología en Max Weber» (LB 638), «La teoría social, hoy» (AU 635) y «Sociología» (AUT 139).



Prólogo


Prólogo del autor a la obra La estructura de clases en las sociedades avanzadas, Alianza, Madrid, 1996.



El prólogo de un libro se escribe siempre al final, y normalmente es donde el autor, después de examinar el resultado de su trabajo, explica al lector el libro que habría escrito de haber podido vencer las evidentes insuficiencias del trabajo que tiene ante él. No intentaré ganarme la simpatía del lector de esta forma, y en vez de tratar de disculparme por los errores de esta obra (de los que soy totalmente consciente), señalaré únicamente algunos de los objetivos que me propuse cumplir, con la esperanza de que esto sirva para leer el texto lo más fácilmente posible. Todo el que tiene la temeridad de escribir sobre la teoría de las clases sociales se ve inmediatamente sumido en una controversia por la forma misma de enfocar el tema —por los materiales que escoge para analizar y por los que ignora, pues ningún estudio dentro de este campo puede referirse más que a una pequeña selección de la casi inagotable bibliografía que existe sobre el tema. Por tanto, quizá debiera empezar por subrayar algo evidente: que este libro se basa fundamentalmente en la tradición europea de la teoría de las clases. Lo que he tratado de hacer, en cierto modo, es utilizar conceptos procedentes de esta tradición para enfrentarlos con ella y construir así un nuevo esquema que sirva para analizar lo que a mi juicio continúan siendo los problemas fundamentales de la sociología. Intencionadamente me remito poco al extenso conjunto de obras de autores americanos que tratan de la «estratificación»— incluso a las de los que emplean el término «clase». Quedará perfectamente claro para los que lean este libro que mis preocupaciones son en general muy distintas de las suyas.

Durante algún tiempo, el concepto de clase, como ha sido expuesto en los trabajos de los sociólogos no marxistas, parece haberse visto envuelto en una especie de atmósfera de enfermiza decadencia. Aunque no desean o no pueden abandonar totalmente el concepto, muchos de esos autores no están satisfecho con él como instrumento de análisis sociológico y piensan que, como la arquitectura victoriana, todo el atractivo que pudo tener en otro tiempo ha desaparecido al pasar la época que lo produjo. Sin que desee insistir en la analogía arquitectónica, debo señalar que en mi opinión esa desilusión en relación con el concepto de clase se basa en unas premisas falsas; si el concepto no puede servir para todo lo que hoy se pide de él, se debe a que los que primero lo colocaron al frente de la teoría social —incluido Marx— han exigido demasiado de él, y no a que haya quedado superado por los cambios sociales que se han producido desde el siglo XIX. Se afirma frecuentemente que, como se han realizado tantos esfuerzos posteriores a Marx para volver a formular el concepto de clase, cualquier nuevo empeño en ese sentido está destinado inevitablemente a aumentar la confusión pie ya existe en lo que respecta a su empleo. Sin embargo, cuando inicié un análisis sistemático de la literatura más reciente sobre la teoría de la estructura de clases, quedé sorprendido por su dispersión, no en términos cuantitativos, sino en términos de penetración analítica. La confusión y la ambigüedad en el empleo del término «clase» son totalmente evidentes; pero los intentos significativos de revisar la teoría de las clases en profundidad que merezcan la pena son realmente muy pocos. He escogido para estudiar detalladamente sólo tres de dichos intentos: los que aparecen en las obras de Dahrendorf, Aron y Ossowski. La elección es, indudablemente, un tanto arbitraria, y he considerado sus ideas como representativas de gran parte de la literatura teórica existente en este campo —aunque la obra de Ossowski, Estructura de clase y conciencia social, se destaca quizás de los otros trabajos como un instrumento más original. Con la excepción de Max Weber, cuyos escritos constituyen uno de los principales puntos de referencia del libro, he evitado el examen directo de los trabajos de las primeras generaciones de críticos de Marx. He evitado también expresamente entrar en cual quier análisis extenso de la literatura marxista sobre las clases socia les, fuera de los trabajos del propio Marx. Esto no se debe a que en tienda que esta literatura no ha proporcionado contribuciones sustanciales a la teoría de las clases. Aunque en realidad considero que la mayoría de las publicaciones marxistas han contribuido muy poco a esta cuestión, los trabajos de algunos autores marxistas recientes me parecen significativos y valiosos. Si no los he estudiado detallada mente es porque mis desacuerdos con ellos se basan en las proposiciones más importantes que he desarrollado y éstas aparecen con suficiente claridad en las diversas fases de mi argumentación.

Los capítulos de este libro se dividen en cinco partes principales, aunque por supuesto los mismos temas aparecen en todos ellos. Los capítulos 1 a 4 tienen carácter introductorio y se ocupan de aspectos específicos de las teorías existentes sobre la estructura de clases. En vez de unir los capítulos 3 y 4, como en un principio pensé hacer, ofrezco en el primero de ellos un resumen breve y simple de las ideas de los tres «críticos de Marx» relativamente recientes que he mencionado antes, reservándome la valoración de los mismos para el capítulo siguiente. Así, el lector que esté ya familiarizado con los escritos de estos autores puede saltarse el capítulo 3 totalmente sin perder el hilo de la argumentación. En los capítulos 5, 6 y 7 desarrollo un nuevo análisis de la teoría de las clases dedicándome en los capítulos siguientes a aplicar algunos de los conceptos establecidos en ellos, primero a las sociedades capitalistas y luego a las sociedades socialistas estatales. Finalmente, dos capítulos con carácter de resumen presentan las principales conclusiones que deseo extraer de lo anteriormente expuesto.

Quisiera agradecer a Percy Cohen, Geoffrey Hawthorn, David Lockwood, Gavin Mackenzie y Gian Poggi sus agudos y útiles comen tarios sobre el manuscrito original. Debo mucho a varias conversaciones mantenidas durante los últimos dos años con Geoffrey Ingham, Michael Mann, Ali Rattansi y Philip Stanworth. También deseo ex presar mi gratitud a Bogdan Szajkowski, por su ayuda en la traducción de textos polacos y rusos; a Ronald Dore, por sus consejos sobre textos japoneses, y a Lesley Bower por sus múltiples formas de ayuda administrativa.

A.G.
Cambridge


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